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Perfiles de pobreza en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 y 2021

Ana Laura Fernández
Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina
Luis Beccaria
Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina

Perfiles de pobreza en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 y 2021

Población de Buenos Aires, vol. 22, núm. 34, pp. 1-34, 2025

Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IDECBA)

Recepción: 25 Junio 2025

Aprobación: 12 Septiembre 2025

Resumen: En 2019 la Ciudad Autónoma de Buenos Aires incorporó una medida de pobreza multidimensional a partir de información recolectada específicamente para la construcción del nuevo indicador a través de la Encuesta Anual de Hogares. Contar con estos resultados es una ocasión para analizar, por un lado, los criterios y supuestos implícitos y explícitos en este enfoque y, por el otro lado, las características de quienes son identificados como pobres según este método. La contrastación de los perfiles de los hogares pobres multidimensionales con los de los pobres por ingresos abona a las implicancias de considerar uno u otro enfoque. La medición realizada en CABA aporta evidencia relevante para estos objetivos, en tanto se trata de un área con cierta heterogeneidad socioeconómica y es resultado de una investigación llevada a cabo con una metodología adecuada que aprovechó la disponibilidad de relevamientos a hogares que realiza regularmente el ente estadístico local.

Este trabajo se propone, por un lado, presentar sucintamente las características del método luego de ubicarlo en el marco de las discusiones sobre la medición de la pobreza. Por otro lado, se analizan algunos de los resultados obtenidos en relación con la percepción acerca de la necesidad de acceder a determinados bienes, servicios y actividades a fin de tener una vida digna, los perfiles de los hogares pobres y las diferencias en los perfiles de hogares pobres según se utilice la medida de pobreza multidimensional o la medida de pobreza monetaria.

Palabras clave: Pobreza multidimensional, pobreza por ingresos, crisis, metodología, perfiles de pobreza..

Abstract: In 2019, the City of Buenos Aires developed a multidimensional poverty measure based on data specifically collected for the construction of this new indicator through the Annual Household Survey. The availability of these results provides an opportunity to analyse, on the one hand, the explicit and implicit criteria and assumptions underlying this approach, and, on the other, the characteristics of households identified as poor according to this method. Comparing the profiles of multidimensionally poor households with those of income-poor households sheds light on the implications of adopting each approach. The measurement carried out in Buenos Aires offers relevant evidence for these purposes, as it pertains to an area with a certain degree of socioeconomic heterogeneity and stems from a research process that employed an appropriate methodology, taking advantage of the regular household survey conducted by the local statistical office.

This paper aims, first, to briefly present the characteristics of the method after situating it within the broader debates on poverty measurement. Secondly, it analyses some of the results regarding perceptions of the need to access certain goods, services, and activities in order to live a dignified life, as well as the profiles of poor households and the differences in these profiles depending on whether poverty is measured multidimensionally or monetarily.

Keywords: multidimensional poverty, income poverty, crisis, methodology, poverty profiles.

Introducción

Existe amplio acuerdo acerca del carácter multidimensional de la pobreza, sin embargo, no todas las medidas que se utilizan habitualmente para medir este fenómeno son multidimensionales (Spicker, 1999). En las últimas décadas en Argentina ha prevalecido la medición la pobreza monetaria a través de un indicador que, si bien reconoce la multiplicidad de dimensiones en las cuales las personas pueden sufrir carencias, las resume en un indicador unidimensional (Fernández y González, 2019). En 2019, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires incorporó una medida de pobreza multidimensional a partir de información recolectada específicamente para la construcción del nuevo indicador mediante la Encuesta Anual de Hogares (EAH). Se trata de una metodología novedosa que cuenta con antecedentes en algunos países, pero que no se había implementado hasta ese momento en América Latina. Este dispositivo incorpora el enfoque consensual para la identificación de las dimensiones y umbrales relevantes para considerar a un hogar en situación de pobreza. La medición se repitió en 2021, cuando la situación sanitaria desencadenada por la pandemia de COVID-19 todavía no se había normalizado.

Contar con los primeros resultados de una medida multidimensional novedosa de pobreza para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) resulta una ocasión para analizar, por un lado, los criterios y supuestos implícitos y explícitos en este enfoque y, por el otro lado, las características de quienes son identificados como pobres según este enfoque. En particular, la contrastación de los perfiles de los hogares pobres multidimensionales con los de los hogares pobres por ingresos (la aproximación más tradicional en el país), no solo resulta un tema relevante, sino que también abona las implicancias de considerar uno u otro enfoque. La medición realizada en CABA aporta evidencia relevante para estos objetivos en tanto se trata de un área con cierta heterogeneidad socioeconómica y es resultado de una investigación llevada a cabo con una metodología adecuada que aprovechó la disponibilidad de relevamientos a hogares que realiza regularmente el ente estadístico local.

Por lo tanto, este trabajo se propone, por un lado, presentar sucintamente las características del método empleado en CABA; esto se hace luego de ubicarlo en el marco de las discusiones sobre la medición de la pobreza. Por el otro lado, se analizan algunos de los resultados obtenidos; particularmente, se examina: i) la relación entre la situación de carencia en dimensiones específicas y la percepción acerca de la necesidad de acceder a determinados bienes, servicios y actividades con el fin de tener una vida digna; ii) los perfiles de los hogares pobres y de sus miembros –y los cambios ocurridos entre 2019 y 2021– en términos de las carencias experimentadas iii) las diferencias en los perfiles de hogares pobres según se utilice la medida de pobreza multidimensional o la medida de pobreza monetaria.

El artículo está organizado de la siguiente manera: en la próxima sección se presentan los antecedentes conceptuales y metodológicos referidos a la medición de la pobreza y luego se explica la metodología multidimensional aplicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En los apartados que siguen se muestran los resultados respecto de los tres temas mencionados en la sección anterior.

La medición de la pobreza multidimensional en CABA. El método de la pobreza consensual

Discusiones en torno del concepto de pobreza

Son múltiples los abordajes conceptuales acerca del fenómeno de la pobreza presentes en la literatura y en la práctica de la medición estadística (Spicker, 1999). Todas estas perspectivas acuerdan en la multidimensionalidad del fenómeno, aunque el carácter de esas dimensiones no es único: ¿se trata de observar la situación en la que viven las personas o las oportunidades o potencialidades que tienen a la mano? ¿Se trata de aquello que las personas hacen o aquello que pueden hacer? Y para sumar a la multiplicidad de visiones, también se discute cuáles y cuántas son esas dimensiones relevantes. Esas dimensiones a considerar, ¿son las mismas en todas las sociedades y momentos históricos?

Estas diferencias en la conceptualización de la pobreza se traducen, necesariamente, en múltiples formas de abordaje empírico. Si se la considera –en términos amplios– como una condición asociada a la carencia por falta de recursos, debe responderse una serie de preguntas a la hora de encarar su medición. Estos interrogantes idealmente deberían plantearse y responderse a partir del marco conceptual, aunque en la práctica no siempre ha sido el caso (Feres y Mancero, 2001).

Un primer punto es determinar si la situación de pobreza puede observarse de manera directa o si debemos identificarla a partir de algunos aspectos empíricamente observables que den cuenta de esa situación. El siguiente interrogante se refiere a cuáles son esos aspectos o dimensiones que deberían contemplarse, tales como –entre otros– alimentación, salud, vivienda, educación o actividades sociales. Otra cuestión que debería establecerse refiere a los umbrales de satisfacción que debe alcanzar una persona en cada dimensión para considerar que existe carencia. Fundamentalmente, la discusión gira en torno de si estos límites pueden establecerse de manera absoluta (en una versión extrema, serían los mismos para cualquier sociedad en cualquier momento histórico) o relativa (en su versión radical, solo pueden definirse en función de la situación del resto de los miembros de la sociedad), pero también pone atención en cómo deberían establecerse: ¿a partir de la opinión de expertos, en función de regularidades empíricas observadas, a través del consenso?

Discusiones en torno de la medición de la pobreza

Cualquier medida que busque cuantificar la pobreza requiere que se dé respuesta a dos cuestiones metodológicas básicas. La primera de ellas se refiere a la identificación, es decir, qué unidades se considerarán pobres. La segunda es la agregación del indicador que requiere determinar la manera en la que se combinarán.

En relación con la identificación, cabe abordar varios de los puntos mencionados en el apartado anterior, esto es, resulta necesario llegar a acuerdos acerca de lo siguiente:

1. Dimensiones: como fue señalado más arriba, ¿cuáles son los aspectos básicos relevantes (necesidades, capacidades, derechos) que los hogares o las personas deben satisfacer para no ser consideradas pobres?

2. Indicadores: variables observables relevantes que den cuenta de la satisfacción o no de las diferentes dimensiones.

3. Umbrales: los valores de cada indicador que denotarán privación.

4. Combinación de las dimensiones: cantidad o proporción de dimensiones y/o indicadores con privación requeridas para que un hogar o persona sea considerada pobre.

La identificación de las dimensiones relevantes para una medida de pobreza debería, idealmente, basarse en un marco conceptual concreto. Entre las posibles conceptualizaciones se puede mencionar la de Sen, centrada en la idea de capacidades, entendidas como el set de funcionamientos que permiten a las personas elegir entre distintas formas de vida (de ser y hacer) (Sen, 1995). Otra forma de acercarse al fenómeno es la de Townsend (1979) según el cual se considera pobres a las personas que, por falta de recursos, no pueden acceder a los bienes y servicios o realizar las actividades que son habituales y comúnmente aceptadas en la sociedad en la que viven. Otro marco posible es el de derechos, que considera aquellos reconocidos por la ley o el consenso internacional como parámetros para la determinación de la situación de pobreza. Sin embargo, las dimensiones contempladas en muchos dispositivos utilizados para medir la pobreza multidimensional no siempre están claramente basadas en consideraciones teóricas[1] . Por el contrario, la disponibilidad de información ha limitado frecuentemente el proceso de selección (Feres y Mancero, 2001).

Una vez identificadas las dimensiones relevantes, el siguiente paso consiste en encontrar uno o más indicadores que permitan determinar si el hogar o la persona está o no en situación de privación en relación con esa dimensión. Esto significa que los indicadores deben permitir una clara identificación de la manifestación del fenómeno que intentan medir. La disponibilidad de información y la pretensión de comparabilidad (entre países, regional o intertemporal) debería también ser considerada a la hora de seleccionar los indicadores.

Para la determinación de los umbrales, tradicionalmente la discusión se centró en la posibilidad de establecer umbrales absolutos o relativos. Una versión extrema de la primera posición afirmaría que existen necesidades y umbrales que son válidos para toda sociedad en cualquier momento del tiempo. Por el contrario, la aproximación relativa extrema diría que las necesidades y umbrales son productos sociales y, por lo tanto, completamente determinados en cada sociedad en diferentes momentos históricos. Como resultado, la situación de pobreza solo podrá ser determinada considerando la situación de los demás miembros de la sociedad (Townsend, 1979). En una visión intermedia, la pobreza podría considerarse como un fenómeno absoluto (y, en consecuencia, podría medirse independientemente de la situación de otros miembros de la sociedad) pero no completamente independiente de la sociedad y del tiempo histórico en el que vive el individuo.

Una tercera forma de acercarse al fenómeno es a través de la perspectiva consensual, según la cual la definición de las necesidades y umbrales relevantes se basa en la opinión de la población en términos de si un bien, un servicio o una necesidad es considerado necesario (Guio et al., 2016). Es importante tener en cuenta que los niveles de satisfacción críticos deberían estar disponibles en términos generales para la población bajo estudio: si resultan muy altos/exigentes o muy bajos/laxos no van a tener utilidad analítica (Kaztman, 1989).

Finalmente, una vez identificadas las privaciones, se debe establecer un criterio para determinar si cada persona u hogar será considerado pobre. Un criterio utilizado en algunas mediciones es el de la unión, que propone que con una sola privación o carencia las personas u hogares serán clasificadas como pobres (como el de Necesidades Básicas Insatisfechas en América Latina o el empleado para México). Este criterio es muy inclusivo y puede arrojar estimaciones de pobreza exageradas, aunque el establecimiento de umbrales muy bajos debería contrarrestar este sesgo. Otro principio que puede utilizarse es el de la intersección, que identifica como hogares o personas pobres a aquellos con privaciones en todas las dimensiones. Contrariamente al otro enfoque, este puede ser muy restrictivo y arrojar valores de pobreza bajos. En la práctica no ha sido incorporado en medidas existentes. Otra alternativa más frecuentemente considerada es la de establecer una determinada cantidad o una proporción ponderada de indicadores. La cuestión de la ponderación asignada a cada dimensión e indicador, que implica importantes supuestos en relación con la sustitución entre ellos, ha sido ampliamente discutida y no se encontró aún una solución generalmente aceptada (Brandolini y D’Alessio, 1998; Cerioli y Zani, 1990; Decancq y Lugo, 2008; Desai y Shah, 1988). Entre otras opciones, se ha sugerido basar la estructura de ponderaciones en técnicas multivariadas (Brandolini, 2008; Nolan y Whelan, 1996), aunque también ha sido cuestionada la conveniencia de dejar una decisión que es fundamentalmente normativa sujeta a un algoritmo matemático.

En general, y salvo excepciones, las mediciones disponibles consideran que las diferentes dimensiones e indicadores tienen igual peso.

El método indirecto o de la línea de pobreza resuelve este problema agregando las dimensiones en el valor de una canasta de consumo y comparándolo con el ingreso o el gasto de los hogares[2]. Este mecanismo de agregación implica recurrir al criterio de intersección: el valor de la canasta es el que se requiere para satisfacer todas las necesidades consideradas[3] . En cambio, respecto de las medidas directas que preservan la multidimensionalidad, no se ha consensuado un criterio de agregación por lo que diferentes dispositivos adoptan soluciones alternativas.

Finalmente, más allá de las consideraciones teóricas utilizadas para seleccionar los indicadores, los umbrales y las ponderaciones, una medida de pobreza multidimensional debería ser robusta en términos metodológicos. Esto implica que la medida debería: i) identificar consistentemente a los hogares o personas pobres; ii) medir pobreza y no otro concepto; iii) tener un número adecuado y una correcta elección de dimensiones. Para poner a prueba estos requisitos, se pueden llevar adelante diferentes testeos para evaluar la validez (las dimensiones e indicadores seleccionados están correlacionados con causas o consecuencias de la pobreza) y la confianza (qué tan bien miden los diferentes indicadores o dimensiones el fenómeno de interés).

La pobreza relativa medida a través del enfoque consensual

Como se dijo, según la definición de pobreza relativa de Townsend (1979) se considera pobres a las personas que por falta de recursos no pueden acceder a los bienes y servicios o realizar las actividades que son habituales en la sociedad en la que viven; es decir, a quienes por falta de recursos quedan excluidos del estilo de vida que lleva el resto de las personas. Sin embargo, no propone cuáles son esas actividades habituales o comúnmente aceptadas por la sociedad. Al respecto, mientras que Orshansky (1969) sostiene que en última instancia la situación de pobreza se define a partir de un juicio de valor, Townsend afirma la posibilidad de alcanzar una medida objetiva de pobreza y se propone identificar una línea de pobreza relacionando el nivel de ingresos per cápita de los hogares con la privación en un conjunto de ítems que cubren desde aspectos alimentarios a la realización de actividades sociales.

Entre las principales críticas realizadas a esa forma de identificar las necesidades y, consecuentemente, al nivel de ingresos necesario para no ser pobre, se encuentra la consideración de la elección (Piachaud, 1981). Al considerar que un hogar está privado en alguno de los ítems previstos por el hecho de no acceder al mismo se está dejando de lado la posibilidad de que algunos de esos hogares elijan no realizar ciertas actividades o consumir ciertos bienes o servicios (por ejemplo, un determinado tipo de dieta).

También se ha criticado a Townsend por la selección de esos ítems en particular y no otros. El principio que aplicó el autor para la incorporación de los ítems a su indicador es que solo un pequeño porcentaje de la población se encontrara privado de esos bienes, servicios o actividades. Esta decisión es consecuente con su idea de pobreza como la condición en la que viven aquellas personas que no pueden acceder al estilo de vida habitual o normal en la sociedad. Sin embargo, en la lista final se encuentran algunos ítems que no cumplen necesariamente con ese criterio, de manera que la forma en la que fueron seleccionados no es enteramente clara. Más allá de esa discusión, según el autor, indicadores generados a partir de otras combinaciones de ítems arrojaron resultados similares (Mack y Lansley, 1985).

Mack y Lansley (1985) proponen, retomando la propuesta de Townsend, identificar situaciones de pobreza mediante la selección de los bienes y servicios o las actividades que son habituales en la sociedad y que las personas perciben como necesarios para su forma de vida. De este modo, el estándar mínimo no surge del juicio de expertos ni del grado de acceso efectivo observado, sino de las percepciones de la sociedad. Para ello, se consulta directamente a las personas, mediante encuestas, si consideran que un determinado bien, servicio o actividad es necesario para llevar una vida digna; se incorporan al conjunto de ítems utilizados para identificar situaciones de pobreza aquellos que la mayoría considera indispensables.

Así, en algunas experiencias de aplicación del enfoque consensual para la identificación de necesidades, se utiliza un umbral del 50%; es decir, se considera que un bien, servicio o actividad es necesario cuando más de la mitad de las personas entrevistadas lo perciben como tal.

El concepto de consenso en este sentido ha sido, también, puesto en cuestión. Walker (1987) plantea que el significado que las personas dan al concepto de “necesidad” no es necesariamente uniforme , mientras que Fahmy et al. (2015) afirman que las respuestas brindadas en el marco de una encuesta masiva pueden no ser lo suficientemente meditadas y esto podría arrojar resultados inconsistentes al tratarse de temáticas complejas; a partir de allí, plantean la necesidad de respaldar la selección de ítems en métodos cualitativos que permitan arrojar luz sobre el proceso deliberativo que lleva a la determinación de las necesidades por parte del público.

Pero también se ha cuestionado este enfoque por el sesgo que provocaría la existencia de preferencias adaptativas. Esta teoría plantea que las personas que fueron criadas o viven durante largos períodos en situaciones de pobreza o carencias pueden tener “horizontes acotados” y, por ese motivo, expectativas menos exigentes en cuanto a los bienes, servicios y actividades a los cuales ellos (y el resto de la sociedad) deberían acceder para vivir dignamente (Nandy y Pomati, 2019). De esta manera, la adaptación de la percepción de necesidades de las personas que sufren privaciones reflejaría no solo sus creencias u opiniones, sino también sus oportunidades (Nussbaum, 2001) y los resultados de la consulta acerca de las percepciones serían poco confiables. Sin embargo, quedan dudas acerca de si la adaptación de las preferencias opera universalmente o solo en ciertos contextos, de manera que en la identificación de las necesidades socialmente percibidas podría incorporarse el análisis de la presencia de preferencias adaptativas (Nandy y Pomati 2015). Cabe tener en cuenta que, aun cuando la privación no sea presente sino pasada, la experiencia de haber vivido sin acceso a un bien o servicio puede llevar a las personas a percibirlo como no necesario. Alternativamente, se ha planteado que el hecho de haber enfrentado en el pasado o enfrentar en el presente las dificultades de una vida con ciertas privaciones puede hacer que las personas reconozcan un bien o servicio como necesario, mientras que quienes nunca han sufrido su privación, no lleguen a tener registro de las implicancias de no contar con él (Mack y Lansley, 1985).

Sin embargo, a pesar de estas dificultades, se ha planteado que es deseable intentar llegar a acuerdos acerca de cuáles son los bienes y servicios deseables para un grupo amplio de población, de manera de articular una idea de pobreza que tenga sustento ciudadano (Veit Wilson, 1987). Finalmente, los criterios alternativos de selección de dimensiones e ítems no están exentos de dificultades, especialmente por sus altos grados de arbitrariedad.

La medición de la pobreza en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

.Si bien Argentina se encuentra entre los países pioneros en la medición multidimensional de la pobreza a través del indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas (INDEC, 1984) calculado a partir de los datos del Censo de 1980, en las últimas décadas se han priorizado las medidas de pobreza basadas en el enfoque de la línea de pobreza. En el marco de los crecientes esfuerzos que se vienen realizando en países de América Latina para estudiar la pobreza desde un enfoque multidimensional (CEPAL, 2014; CEPAL-UNICEF, 2010; CONEVAL, 2011; INEC, 2015), así como de las experiencias en otras regiones, el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (ex DGESYC) desarrolló en 2019 una medida de pobreza multidimensional basada en la definición de Townsend de pobreza relativa[5].

El método se basó en los utilizados en varios países, entre ellos los de la Unión Europea. De acuerdo con esa perspectiva, la determinación de los bienes, servicios y actividades relevantes, así como los umbrales de satisfacción, se realizó de manera conjunta a través del enfoque consensual sobre la base de la metodología propuesta por Mack y Lansley (1985). En este enfoque los pasos metodológicos requeridos comienzan con la consulta a expertos/as y el análisis de información histórica para definir una lista amplia de productos, servicios y actividades que puedan ser consideradas necesarias. El siguiente paso fue la discusión de la lista amplia en tres grupos focales con participantes de distintos niveles socioeconómicos. Como resultado de las discusiones en grupos focales se obtuvo una lista más acotada de bienes, servicios y actividades que se consideren necesarios para vivir dignamente en la Ciudad, expresados en forma inteligible para esa población.

Esta lista es la que se utilizó en una encuesta estadísticamente representativa[6] en la que se volvió a consultar acerca de qué ítems son considerados necesarios y, a la vez, sobre el acceso o no a esos bienes, servicios y actividades (en caso negativo, si es por falta de recursos).

Los indicadores identificados como necesarios por la mayoría (más del 70%) de los/as encuestados/as fueron sometidos a una serie de análisis estadísticos (Guio et al., 2016): 1) Validez de criterio: el indicador mide pobreza y no otro fenómeno; 2) Validez de constructo: el número de dimensiones en los que a priori se agrupan los indicadores y la estructura de ponderaciones debe ser respaldada por la estructura de los datos; 3) Confianza: el indicador debe servir para identificar personas u hogares pobres en forma consistente y repetible.

En la Figura 1 se describen esquemáticamente las distintas etapas del procedimiento

Figura 1
Etapas para la medición de la pobreza multidimensional a partir del enfoque consensual
Etapas para la medición de la pobreza multidimensional a partir del enfoque consensual
Fuente: elaboración propia.

La validez de criterio implica que los indicadores deben estar correlacionados con fenómenos reconocidos como causas o consecuencias de la pobreza (en este caso, los ingresos relativos y la situación de pobreza por ingresos). La validez de constructo se evaluó a partir del análisis factorial que permite evaluar si la estructura de los datos coincide con el modelo multidimensional propuesto. En este sentido, se puede afirmar que los indicadores conforman cinco dimensiones: alimentación, salud y cuidados, vivienda y servicios, equipamiento del hogar, privación social y educación.

La confiabilidad de los indicadores se analizó sobre la base de tests originados en la psicometría, que consideran a la pobreza como un fenómeno latente (no directamente observable, como sería en Psicología el talento o alguna condición o patología) del que se intenta dar cuenta a través de indicadores observables. Por medio del test de Cronbach se evaluó la confianza global de los indicadores. Por su parte, la correspondiente a cada uno de ellos se examinó recurriendo a los test basados en la Teoría de Respuesta al Ítem. Ellos permiten constatar la severidad y la capacidad de discriminación de cada indicador considerando.

Aquellos ítems que cumplen con todos esos criterios fueron entonces los seleccionados para efectuar la medición de la pobreza. Para cada hogar, entonces, se calculó la cantidad de dimensiones (entre las cinco arriba indicadas) en las que hay privación[7].

Finalmente, la agregación se resolvió considerando en situación de pobreza a todos aquellos hogares que sufrieran privación en al menos dos dimensiones, siguiendo el criterio empleado por Gordon et al. (2000). Para la identificación de privación en cada dimensión se consideró un umbral relativo del 33% de los indicadores incluidos, debido a que la cantidad de indicadores incluidos en cada una de ellas es diferente.

De esta manera, es posible afirmar que la medición de la pobreza multidimensional en la Ciudad de Buenos Aires se basa claramente en un marco conceptual y en indicadores estadísticamente confiables y válidos.

Radiografía de la pobreza multidimensional en CABA. Años 2019 y 2021

Necesidades socialmente percibidas

(a) amplio consenso sobre los ítems considerados

Según se comentó, en el procedimiento llevado a cabo en la Ciudad de Buenos Aires, luego de la realización de tres grupos focales se efectuó la encuesta representativa en la que se consultó acerca de 28 ítems que finalmente fueron considerados necesarios en aquellas discusiones. Para la identificación de las necesidades socialmente percibidas a partir de la encuesta, se tomó un umbral más conservador que el considerado habitualmente (se consideraron necesarios aquellos ítems que al menos el 70% de las y los encuestados identificó como tales), debido a que se trataba de una primera experiencia en una ciudad de sus características.

En la primera encuesta, correspondiente al año 2019, todos los ítems incluidos fueron considerados necesarios por más del 50% de los/as encuestados/as (ver Gráfico 1). Considerando el umbral finalmente adoptado del 70%, solo se excluyó el acceso a internet en la vivienda. Los mismos resultados se alcanzaron para conjuntos de hogares con jefes/as con distintos niveles educativos y entre hogares en situación de pobreza monetaria. El único grupo de hogares que consideró que el acceso a internet en la vivienda era necesario en más del 70% es el de los hogares residentes en villas.

Gráfico 1
Hogares por necesidades socialmente percibidas según características del hogar y del/a jefe/a de hogar (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2019
Hogares por necesidades socialmente percibidas según características del hogar y del/a jefe/a de hogar (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2019
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros - GCBA). EAH 2019.

Si se toman los datos referidos a 2021, luego de una etapa en la que debido a las restricciones a la circulación en el marco de la pandemia por COVID-19 gran parte de las actividades laborales, educativas y sociales se realizaron de manera remota a través de dispositivos electrónicos, la disponibilidad de internet en la vivienda también pasó a considerarse necesaria (porque así fue considerada por más del 70% de los respondientes); consecuentemente todos los ítems que surgieron de las discusiones en grupos focales fueron considerados necesarios por más del 70% de los encuestados. En este caso también se observa que, en los hogares residentes en villas, la proporción que considera internet una necesidad es mayor que en el resto de los hogares.

Gráfico 2
Hogares por necesidades socialmente percibidas según características del hogar y del/a jefe/a de hogar (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021
Hogares por necesidades socialmente percibidas según características del hogar y del/a jefe/a de hogar (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros - GCBA). EAH 2021. (b) percepción y privación de necesidades.

Mack y Lansley (1985) muestran en su estudio para el Reino Unido en la década de 1980 que hay diferencias en la percepción de necesidad según las personas dispongan o no de los bienes y servicios o realicen las actividades sobre las cuales se indaga. En efecto, los resultados comentados cambian si se consideran hogares con privación en cada ítem particular. Se busca analizar en este apartado si la percepción de necesidad acerca de cada ítem es diferente para los hogares que sufren privación en ese ítem en comparación con aquellos que sí tienen acceso a él. Se considerarán de manera separada los hogares con niñas y niños entre sus miembros y aquellos conformados solo por personas adultas.

En coincidencia con el estudio mencionado, en general es menor la proporción de hogares que consideran necesario un ítem entre aquellos que tienen privación en él versus aquellos hogares que no sufren esa privación. La única excepción es vacaciones fuera de la Ciudad, actividad considerada como necesidad en mayor medida entre los hogares que no pudieron realizarlas. De cualquier manera, en ambos años más del 70% de los hogares –con o sin niños/as– consideran necesarios todos los ítems. Las excepciones son internet en el hogar, donde ese porcentaje es menor, tengan o no privación en el ítem. Entre los hogares sin niños/as con privación en el ítem, llama la atención el caso de pisos de material, que fue considerado necesario por menos de 50% de los hogares que sufren esa privación. Cabe aclarar que es un ítem en el que son relativamente pocos los hogares con carencia (menos del 1%) de manera que es un resultado que no altera las conclusiones que se vienen comentando (Cuadro 1).

Cuadro 1
Hogares por necesidades socialmente percibidas según presencia de niños/as y condición de privación (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Hogares por necesidades socialmente percibidas según presencia de niños/as y condición de privación (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros - GCBA). EAH 2019 y 2021.Nota: NC (no corresponde) se refiere a ítems cuya carencia no se evaluó en hogares sin niños/as entre susmiembros.

En el caso de hogares con niños/as, en 2019 solo internet en la vivienda cae por debajo del umbral del 70% de aceptación como necesario tanto entre hogares que sufren la privación en ese ítem como entre aquellos que tienen acceso (aunque en ambos casos supera el 50%). Entre los hogares con menores de 18 las diferencias en las percepciones entre familias con y sin privación es más estrecha que entre los hogares sin niños/as. Aquí también la mayor diferencia es en el ítem de pisos de material, seguido por techos aislantes, luego la posibilidad de invitar a amigos/as o familiares, tener ropa adecuada y finalmente la disponibilidad de agua caliente en el baño y la cocina. Las diferencias se invierten (es mayor el porcentaje que los considera necesarios entre quienes no acceden) en el caso de la disponibilidad de asistencia para el cuidado y la asistencia al jardín.

En 2021 se mantiene una mayor percepción de las necesidades entre hogares sin privación en cada ítem, tanto para hogares con niños/as como aquellos que no tienen niños/as entre sus miembros (Cuadro 1).

Las mayores diferencias se encuentran en el caso de internet en la vivienda, invitar a amigos/as o familiares al menos una vez al mes, poder tomar transporte público y tener acceso a anticonceptivos. Cabe aclarar, sin embargo, que todos los ítems fueron considerados como necesarios por más del 70% de los hogares (con o sin privaciones en el ítem). La conexión a internet en la vivienda sigue siendo el ítem con menor aceptación como necesidad, aunque siempre superando el umbral del 70%. Entre los hogares con niños/as el ítem con mayor diferencia de aceptación según el hogar sufra o no la privación es, justamente, internet.

La asistencia al jardín es considerada una necesidad para todos los hogares que tienen entre sus integrantes niños/as en edad de asistir, pero que no asisten. En cambio, un porcentaje menor de hogares sin privación en ese ítem no lo consideraron necesario. Cabe aclarar que en este ítem los hogares con privación son menos del 1% del total de hogares con niños/as.

Los resultados muestran que, aunque hay diferencias en las percepciones de necesidad entre los hogares que sufren o no privación en un determinado ítem, puede afirmarse que, en términos generales, la mayoría de los hogares acuerda en un grupo amplio de necesidades. Este resultado sería un indicio de que el sesgo que pueden producir las preferencias adaptativas no es muy relevante.

Perfiles de los hogares pobres multidimensionales en la Ciudad de Buenos Aires

En este apartado se busca caracterizar la pobreza multidimensional en la Ciudad de Buenos Aires indagando cuántas y cuáles son las privaciones que experimentan en términos de las dimensiones e ítems considerados. A su vez, se aprovecha la disponibilidad de información en dos momentos del tiempo para analizar los cambios acontecidos en el marco de la pandemia por COVID-19.

En 2019 la incidencia de la pobreza multidimensional era del 15,3% de los hogares (20,2% de las personas). Los hogares con niños/as entre sus miembros mostraron, previsiblemente, una mayor incidencia, que alcanzó al 25,7% de esos hogares, mientras que el 30,6% de las personas de menos de 18 años estaban en situación de pobreza (Cuadro 2).

Cuadro 2
Tasa de pobreza multidimensional (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Tasa de pobreza multidimensional (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2019 y 2021.

La tasa de pobreza de los hogares aumentó un punto porcentual en 2019, cambio algo menor al que se observa en la tasa de pobreza calculada sobre las personas (que creció en dos puntos porcentuales). Este aumento se debe fundamentalmente a lo ocurrido en los hogares sin menores de 18 entre sus miembros, dado que prácticamente se estancó para los hogares con niñas y niños, lo cual representa un resultado llamativo.

Entre los hogares no pobres se observa que existe un porcentaje cercano al 15% que presentan privaciones en una dimensión. Entre los hogares sin niños/as ese porcentaje se redujo entre 2019 y 2021, mientras que aumentó entre los hogares con menores de 18 años. El 6,3% de los hogares (54% de los hogares pobres) tenía en 2021 privaciones solo en dos dimensiones, mientras que el 3,3% (29% de los pobres) tenían privación en tres dimensiones. Esto significa que un porcentaje muy pequeño de los hogares de la Ciudad tenía privaciones en cuatro o cinco dimensiones, grupo que representaba al 17% de los hogares pobres, y representa a quienes se encuentra viviendo en peores condiciones. El leve aumento de la pobreza que se observó entre los hogares sin niños/as entre 2019 y 2021 se asocia al efecto neto de un aumento del porcentaje de hogares sin carencias en ninguna dimensión y al del crecimiento de la proporción de aquellos con carencias en tres o más dimensiones (Cuadro 3).

Cuadro 3
Hogares por cantidad de privaciones según presencia de niños/as (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Hogares por cantidad de privaciones según presencia de niños/as (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2019 y 2021.

El estancamiento de la incidencia de la pobreza que se observa entre los hogares con menores de 18 años entre 2019 y 2021 obedeció a que no se modificó la correspondiente a los que no tenían privación mientras que se redujo el peso de familias con privaciones en dos o tres dimensiones y aumentó el de aquellas con 4 o 5 privaciones.

Otro punto relevante para la caracterización de la pobreza es identificar qué dimensiones presentan las mayores incidencias de privaciones y observar diferencias según tipo de hogar y a lo largo del tiempo. La dimensión con proporciones más elevadas de carencias (considerando tanto hogares pobres como no pobres) es la referida a actividades sociales y educación; ello se observa para todos los hogares y en ambas observaciones (con cifras del 18% para el total y del 27% para hogares con niños/as en 2021), aunque se ve una pequeña reducción de su incidencia entre 2019 y 2021. La dimensión que le sigue es la de alimentación: 14,6% de todos los hogares presentan privaciones en ella en 2021, proporción que se eleva al 20,2% entre aquellos con niños/ as. En este último grupo, se observa una contracción más pronunciada respecto de los valores de 2019, lo que podría constituir uno de los factores asociados al estancamiento o la disminución en la incidencia de la pobreza observada entre los hogares con niños/as en ambos años (Cuadro 4).

Cuadro 4
Total hogares y hogares pobres con carencias por dimensión según presencia de niños/as (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Total hogares y hogares pobres con carencias por dimensión según presencia de niños/as (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de EAH. Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA).

En tercer lugar, se encuentra la dimensión de vivienda y servicios, que muestra una caída importante en su incidencia en 2021 entre los hogares con miembros solo adultos, pero un estancamiento entre aquellos con niños/as. Posteriormente se ubican las dimensiones de salud y cuidados, mientras que equipamiento del hogar presenta el menor nivel de incidencia de carencias. No obstante, en este último ítem se observa un aumento entre ambos años y en los dos grupos de hogares.

Los datos presentados muestran que, en todas las dimensiones, la proporción de hogares con carencias es mayor si tienen niños/as entre sus miembros. Las diferencias más amplias en 2021 se encuentran en las dimensiones de vivienda y servicios (10 puntos porcentuales) seguidas por la de privación social (9 puntos).

Si se tienen en cuenta únicamente los hogares en situación de pobreza (es decir, aquellos con carencias en dos o más dimensiones), se repite el orden de importancia. En este caso, se observa una caída bien marcada de las carencias en alimentación, aunque se presentaron incrementos en las demás dimensiones, sobre todo en la dimensión de equipamiento y bienes durables.

Para avanzar en la caracterización de la población con carencias multidimensionales resulta interesante conocer no solo cuáles son las dimensiones que no logran cubrir, sino cuáles son los ítems dentro de esas dimensiones en los que no alcanzan los umbrales que surgen del consenso sobre las necesidades. El cuadro 5 muestra las proporciones de privación en cada ítem de los hogares con carencia en la dimensión. En este punto, cabe recordar que se consideraron hogares en situación de pobreza a aquellos que mostraron carencias en al menos dos dimensiones. En tanto, las privaciones en cada una de las dimensiones se establecieron a partir de un porcentaje (33%) de los ítems que las componen.

Como es de esperar, los hogares pobres presentan mayor prevalencia de carencias en cada ítem de aquellas dimensiones en las que muestran privaciones, aunque las diferencias no son muy grandes, no pasan de los 6 puntos porcentuales en ninguno de los dos años. Veamos qué sucede en cada una de las dimensiones.

En el caso de hogares con carencias en alimentación es mayor la prevalencia en aquellos en los cuales algún miembro comió menos de lo que pensaba que tenía que comer, mientras que resulta menor la de hogares con alguna persona que se salteó una comida. El primero de estos ítems se considera de mayor gravedad en el marco de la escala de experiencia de inseguridad alimentaria de la FAO (2017). Las carencias en ambos ítems se redujeron entre 2019 y 2021, tanto para el total de hogares como para los pobres. Esto refleja la reducción en las privaciones en esta dimensión comentada anteriormente.

Entre los considerados con privación en la dimensión de salud, se observa que los ítems con mayores incidencias son los de tratamientos dentales (más del 90% en 2021), seguido del acceso a medicamentos y la realización de estudios. La disponibilidad de asistencia para cuidados y la atención médica, en cambio, muestran porcentajes sustancialmente menores (en 2021 no llegaba al 20% de los hogares). Con respecto a la evolución en el tiempo, la proporción de hogares con privación aumentó entre 2019 y 2021 en el caso de los tratamientos dentales, la realización de estudios y la atención médica, mientras se redujo la falta de acceso a medicación y cuidados. El aumento de las privaciones registrado entre esos años puede estar influenciado por la pandemia y el estrés que enfrentó el sistema de salud en todos los aspectos en ese evento. Debido al aumento de demanda asociado a ese evento, pudo haberse complicado el acceso al sistema público y, ante la falta de recursos suficiente, los hogares pudieron haberse visto impedidos de acceder a distintos servicios de salud a través de la provisión privada.

Cuadro 5
Total hogares y hogares pobres con carencias en cada dimensión por ítem (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021.
Total hogares y hogares pobres con carencias en cada dimensión por ítem (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021.
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2019 – 2021.

En cuanto a los ítems de Vivienda y servicios, el que presenta mayor porcentaje de carencia entre los hogares privados en la dimensión es la disponibilidad de ambientes suficientes para que niños/as duerman separados de las personas adultas del hogar (alrededor del 76%). Siguen la posibilidad de arreglar goteras en caso de tenerlas y luego, sustantivamente más abajo, la disponibilidad de camas suficientes y de un lugar para que niños/as puedan hacer las tareas de la escuela. Con menor frecuencia se observan los ítems de agua caliente en el baño y la cocina y la conexión legal a la electricidad. Entre 2019 y 2020 se presentan aumentos únicamente en el ítem de goteras, mientras que el resto se mantuvo o se contrajo. La estabilidad de las carencias asociadas a la insuficiencia de ambientes y espacio para hacer los deberes tiene sentido en tanto se trata de aspectos estructurales de las viviendas que habitan los hogares, que ante la escasez de créditos implica la acumulación de ahorros en un plazo relativamente largo, difícil en el marco del proceso inflacionario que vive el país actualmente. El deterioro de los ingresos reales en el período, especialmente para quienes no tienen salarios formales, puede dar cuenta también de las mayores dificultades para hacer frente a reparaciones en la vivienda.

En el caso de hogares con carencias en la dimensión equipamiento y acceso a bienes durables, las mayores dificultades se asocian a la posibilidad de reemplazar la ropa y calzado deteriorados, seguida de la disponibilidad de ropa adecuada y suficiente para todas las estaciones del año. En cambio, la disponibilidad de frazadas y heladeras, más asociadas a situaciones estructurales es significativamente menos frecuente en los hogares con carencias. Entre 2019 y 2021 aumentó la falta de ropa adecuada y se registró una contracción de la falta de disponibilidad de heladera.

Finalmente, entre los ítems asociados a necesidades sociales, las menores carencias se observan en el acceso a transporte público y útiles escolares, mientras que las mayores (superiores al 95%) corresponden a irse de vacaciones, seguidas por la posibilidad de realizar pequeños gastos personales.

Pobreza multidimensional y pobreza por ingresos

En esta sección se analizan los hogares diferenciando entre aquellos que se clasifican como pobres multidimensionales (pero con ingresos suficientes para adquirir la Canasta Básica), los hogares pobres monetarios[8] (pero que no son pobres multidimensionales) y el grupo de hogares que es pobre según ambas clasificaciones. El 76% no es pobre según ninguna de las definiciones, mientras que en 2019 el 7,7% se encontraba en situación de pobreza monetaria, el 8,1% era pobre multidimensional y el 7,6% se encontraba en situación de pobreza monetaria y multidimensional. La proporción de hogares no pobres no se modificó entre 2019 y 2021, aunque sí cambió la composición interna de los hogares en situación de pobreza por uno u otro enfoque. En efecto, la tasa de hogares que son solo pobres monetarios aumentó, mientras que los otros dos grupos se contrajeron. Esto da cuenta del efecto de la pérdida de ingresos reales en el contexto inflacionario actual y la crisis de la pandemia de COVID-19, que rápidamente incide sobre la capacidad de compra de los hogares medida por el método de la línea. Las cifras muestran que, del total de pobres por ingresos, la proporción de los que también tienen carencia multidimensional se reduce entre 2019 y 2021, lo cual sugiere que los hogares con ingreso bajo la línea de pobreza seguirían accediendo a los ítems considerados para la medida multidimensional reasignando gastos para mantener el consumo de aquellos bienes, servicios y actividades que consideran necesarios.

Cuadro 6
Hogares según situación de pobreza a partir de diferentes definiciones (en porcentaje y variación porcentual). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021.
Hogares según situación de pobreza a partir de diferentes definiciones (en porcentaje y variación porcentual). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Años 2019 - 2021.
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2019 - 2021.Nota: al incorporarse la clasificación según pobreza monetaria, el universo de casos se restringe a aquellos hogares que informaron ingresos, de manera que los resultados reportados en el Cuadro 6 difieren de los informados en el Cuadro 2.

A continuación, se indaga –sobre los datos correspondientes a 2021– acerca de la existencia de diferencias y similitudes en los perfiles de hogares pobres según se utilice la medida de pobreza multidimensional o la medida de pobreza monetaria. Para ello, se consideran algunas características de las viviendas (características estructurales y tenencia), de la persona de referencia del hogar (sexo, edad y nivel educativo) y de aspectos ocupacionales de la persona de referencia (condición de actividad y características de la ocupación)

Como es de esperar, los hogares que no se consideran pobres bajo ninguno de los dos criterios viven casi en su totalidad en viviendas con materiales adecuados y cuentan con baño de uso exclusivo y con descarga de agua. El porcentaje de hogares en situación de hacinamiento es muy pequeño y la mayoría (58,1%) son propietarios de la vivienda. En el otro extremo, aquellos hogares que quedan clasificados como pobres por ambos criterios (multidimensional y monetaria) muestran una mayor incidencia (13,1%) de viviendas no adecuadas (pieza de inquilinato o pensión, local no destinado a vivienda), baño compartido, hacinamiento y residencia en villa (32,3%). La presencia de propietarios/as es menor y gana importancia la categoría “otra tenencia” que suele incluir regímenes informales (propietarios/as solo de la vivienda, ocupación de hecho, préstamo, etc)

En cuanto a las diferencias que se observan entre los hogares identificados como pobres entre uno y otro criterio, se observa que la proporción de hogares con características inadecuadas de vivienda y baño, así como quienes viven en villas, es mayor para hogares identificados a través del método multidimensional y que tienen ingresos por encima de la línea. En cambio, el porcentaje de hogares que no son propietarios ni inquilinos, al igual que en el caso del hacinamiento, es mayor entre hogares con ingresos insuficientes pero que no muestran carencias en dos dimensiones (Cuadro 7)

Cuadro 7
Hogares por características según condición de pobreza (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021.
Hogares por características según condición de pobreza (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021.
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2021.

Si se consideran las características de los/as jefes/as de hogar, se observa que, en la mayoría de los hogares que no se clasifican como pobres, tienen más de 45 años de edad, con educación terciaria completa y es solo algo mayor la proporción de hombres. Entre los hogares identificados como pobres por ambos criterios, en cambio, prevalecen las mujeres al frente del hogar, cerca de la mitad tiene entre 25 y 45 años y alcanzaron niveles educativos bajos (Cuadro 8). Entre los hogares con ingresos insuficientes, pero que no presentan carencias en dos o más dimensiones, sus jefes/as muestran una proporción de mujeres algo más elevada que de hombres, y resulta mayor la importancia de aquellos/as con edades entre 25 y 45 años. Los hogares con carencias multidimensionales, en cambio, tienen en un 60% jefas de hogar mujeres, de más de 45 años (el 41% está en edad jubilatoria) y nivel educativo medio.

Cuadro 8
Hogares por características de los/as jefes/as de hogar según condición de pobreza (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021
Hogares por características de los/as jefes/as de hogar según condición de pobreza (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2021.

En cuanto, finalmente, a las características ocupacionales de los/as jefes/as, se aprecia que, entre los hogares no pobres, el porcentaje de ocupados/as es mayor al promedio (75,4%), mientras que el de desocupados/as es la mitad de la que muestra el total de hogares. En su mayoría, los/as jefes/as de los hogares no pobres son asalariados/as registrados/as (61,2% de los ocupados/as totales) en empresas grandes, característica que aparece en este grupo con mayor prevalencia que en el total. En el extremo opuesto, el porcentaje de jefes/as de hogares pobres según los dos criterios, que se encuentran ocupados/as es 10 puntos menor que el promedio y el porcentaje de desocupados/as supera el 11%. Los/as jefes/as de este grupo, son en su mayoría asalariados/as no registrados/as (39,3% de los ocupados/as) y trabajadores/as por cuenta propia (32,6%) y se desempeñan en empresas pequeñas.

Los/as jefes/as de hogares en situación de pobreza monetaria presentan las tasas de ocupación más bajas (58,8%) y el porcentaje de desocupados/as duplica el promedio. Llama la atención que la mayoría de quienes están ocupados/as se insertan en puestos asalariados registrados. Sin embargo, la tasa de registración es significativamente más baja que el promedio (68,5% de los asalariados) y solo supera a la de los/as jefes/as de los hogares pobres por los dos criterios, entre quienes es del 41,2%. Finalmente, las personas de referencia de hogares pobres por el método multidimensional presentan un porcentaje de desempleados/as algo mayor al promedio, aunque por debajo del correspondiente a los/as jefes/as de los hogares pobres monetarios, con tasas de ocupación mayores a las de ese grupo. En este grupo de hogares pobres solo de acuerdo con el enfoque multidimensional, la tasa de no registro es cercana a la de los/as jefes/as de hogares pobres monetarios. Se trata del grupo en el que aparecen con mayor frecuencia relativa jefes/as de hogar con más de una ocupación, aunque se trata de una característica que en todos los grupos resulta cercana al 20%, con excepción de aquellos hogares que son pobres según los dos enfoques (Cuadro 9)

Cuadro 9
Hogares por características laborales de los/as jefes/as de hogar según condición de pobreza (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021.
Hogares por características laborales de los/as jefes/as de hogar según condición de pobreza (en porcentaje). Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Año 2021.
Fuente: elaboración propia sobre la base de datos de Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Jefatura de Gabinete de Ministros – GCBA). EAH 2021.

Comentarios finales

Se presentaron aquí los resultados obtenidos a partir de un relevamiento oficial diseñado especialmente para obtener información necesaria para calcular una medida de pobreza multidimensional según la definición de pobreza relativa de Townsend, sobre la base del enfoque consensual. Se trata de una experiencia novedosa en tanto permite obtener una medida sólidamente derivada de la conceptualización teórica del fenómeno.

Los datos muestran que existe acuerdo en la población de la Ciudad de Buenos Aires respecto a una lista amplia de bienes, servicios y actividades a las que es necesario poder acceder para vivir dignamente en este ámbito. Además de ítems relacionados con la alimentación, la vivienda, el equipamiento, la salud y la educación es destacable la identificación de –y acuerdo respecto a– necesidades sociales, tales como poder invitar a familiares o amigos o irse de vacaciones. Este constituye un indicio de que la pobreza es entendida por la población estudiada como un fenómeno que incluye privaciones en esos aspectos. En coincidencia con estudios previos, en general es algo menor la proporción de hogares que consideran necesario un ítem entre aquellos que tienen privación en él versus aquellos hogares que no sufren esa privación, aunque puede afirmarse que hay coincidencia en la identificación de necesidades.

Si se consideran las diferentes dimensiones contempladas, se observa que más de la mitad de los hogares pobres tienen privaciones en solo dos de ellas, mientras que el porcentaje de hogares disminuye al considerarse un número mayor de dimensiones. Aquella en la cual es más elevada la proporción de hogares que exhiben privaciones es la referida a actividades sociales y educación, seguida por la referida a alimentación. En esta última, se muestra que la mayor prevalencia corresponde al ítem que registra si algún miembro comió menos de lo que pensaba que tenía que comer. En las otras dimensiones se advierte que los hogares presentan mayor frecuencia de privación en ítems que podrían considerarse como menos críticos, tales como tratamientos dentales, disponibilidad de ambientes suficientes para que niños/as duerman separados/as de los adultos/as del hogar, reemplazar la ropa y calzado deteriorados, irse de vacaciones.

En cuanto a las diferencias entre hogares identificados como pobres según distintos métodos, aquellos solo pobres multidimensionales presentan mayor frecuencia de características inadecuadas de vivienda y baño y residencia en villas. Las personas de referencia de estos hogares exhiben un porcentaje de desempleo algo más elevado que el promedio, aunque por debajo de los pobres solo monetarios, con tasas de ocupación mayores a las de ese grupo, aunque las tasas de no registro de los jefes/as ocupados/as de ambos grupos resultan similares. Se trata también del grupo en el que aparecen con mayor frecuencia relativa jefes/as de hogar con más de una ocupación. Así, una de las principales diferencias que se encuentra entre los hogares clasificados como pobres monetarios y los pobres multidimensionales es que los jefes/as del segundo grupo tienen mayor tasa de ocupación, lo cual les permite probablemente hacerse de ingresos suficientes para mantenerse por encima de la línea, aunque resultan insuficientes para poder acceder a los bienes y servicios y realizar las actividades que se consideran necesarias.

Estos últimos resultados sugieren que los conjuntos de hogares identificados como pobres por los diferentes enfoques de medición –básicamente, el que recurre a la insuficiencia de ingresos o los que se basan en privaciones en indicadores específicos– son distintos. Ello obedece, en parte, a determinadas cuestiones asociadas a las metodologías específicas utilizadas en el país, pero en términos más generales, a que cada uno de ellos captura aspectos o manifestaciones de la pobreza que no siempre coinciden. Así, se incluyen entre los pobres multidimensionales a hogares que pueden atender los gastos corrientes normativos fijados como línea de pobreza (esto es, no son pobres por ingresos), pero que enfrentan situaciones de carencias manifiestas cuya superación requeriría de un volumen de ahorros que no poseen; por ejemplo, el acceso a viviendas adecuadas o a cierto equipamiento. A su vez, algunos hogares son categorizados como pobres por ingresos porque enfrentan situaciones coyunturales que afectan su flujo de recursos corrientes, aunque dispongan de ahorros y/o no muestran carencias de tipo más estructural, esto es, no son pobres multidimensionales. De cualquier manera, el método consensual, al incluir como indicadores relevantes algunos cuya satisfacción está ligada a los ingresos (como los alimentarios, o los de actividades sociales) también capta hogares que experimentan situaciones de bajos ingresos y avanza, así, sobre otras metodologías multidimensionales más basadas en la vivienda y el equipamiento. De cualquier manera, aun cuando las metodologías de las medidas basadas en uno y otro enfoque se ajusten para atender algunas de esas diferencias (incorporando más dimensiones o ítems o ajustando la definición de los recursos que se consideren), hay una diferencia básica entre las dos perspectivas en tanto los enfoques multidimensionales observan si los hogares enfrentan o no privaciones mientras que los que recurren al ingreso identifican como pobres a quienes tienen los recursos para evitar privaciones, independientemente de que efectivamente enfrenten o no un conjunto de privaciones.

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Walker, R. (1987). Consensual approaches to the definition of poverty: Towards an alternative methodology. Journal of Social Policy, 16(2), 213–226. https://doi:10.1017/S0047279400020389

Notas

[1] Entre algunas de las mediciones multidimensionales puede mencionarse la que se calcula para la mayoría de los países del mundo como parte del Informe de Desarrollo Humano de PNUD (por ejemplo, PNUD, 2022); las que produjo UNICEF también para diferentes países referente a pobreza infantil (CEPAL - UNICEF, 2010). América Latina había sido pionera en los años 1980 y 1990, con la medición de los indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). En la región, desde los 2000, varios países estiman regularmente pobreza, mediciones que han sido apoyadas por OPHI (para mayor detalle de estos casos, véase Beccaria et al., 2023). También existe una medición a nivel regional de América Latina que realiza CEPAL (CEPAL, 2025)
[2] Para referencias usuales sobre el método de la línea, véase, por ejemplo, Grupo de Río (2007)
[3] Cuando el criterio de agregación es el de intersección, pierde relevancia la cuestión de la ponderación de las dimensiones e indicadores
[4] Walker (1987) también plantea la falta de uniformidad en la definición del concepto de “pobreza”, pero esa discusión excede los alcances de este trabajo en tanto la definición de pobreza no surge de la percepción o interpretación del público
[5] Para una descripción detallada de la metodología y los primeros resultados ver DGESYC-CABA (2019 y 2020) y Beccaria y otros (2023). Dos estimaciones de pobreza multidimensional en CABA (pero que no utilizan el método consensual) realizadas desde el ámbito académico son Macció y Mitchell (2023) y Martínez et al. (2018)
[6] La información se relevó en un módulo especial de Pobreza Multidimensional junto con la Encuesta Anual de Hogares (EAH) que realizó la Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad (DGESYC) en el cuarto trimestre de 2019. Se repitió el relevamiento en el año 2021, de manera que se cuenta con dos observaciones mediadas por la pandemia de COVID-19 en un contexto de aceleración inflacionaria
[7] Las carencias fueron indagadas a nivel de hogar, esto es, es el hogar el que cumple o no con los criterios considerados. Para los indicadores de tipo individual (esto es, aquellos no relacionados con las características de las viviendas o sus servicios), se consideró que el hogar no cumplía con el mínimo establecido si al menos uno de los miembros no lo hacía. Sin embargo, el método hubiese permitido que se recurriera al individuo como unidad de análisis, alternativa que se descartó por restricciones de recursos. Como se señaló, las preguntas para identificar carencias se incluyeron en un módulo de la Encuesta Anual de Hogares por lo que la indagación a nivel de cada persona hubiese incrementado el tiempo de la entrevista y, con ello, se podría haber afectado la calidad de toda la encuesta. De cualquier manera, el IDECBA (ex DGESYC de la Ciudad de Buenos Aires) llevó a cabo en 2024 una prueba de un cuestionario destinado a una medición individual de pobreza que examinó tanto el efecto que tiene sobre el tiempo de duración de la entrevista, como las diferencias que se registran en las medidas de pobreza que utilizan el hogar o el individuo como unidad de análisis (IDECBA – PNUD, 2025)
[8] Para la determinación de la situación de pobreza monetaria se tomaron los parámetros que utiliza el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (ex DGESYC). Para más detalles acerca de esta metodología, véase DGESYC (2016)

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